El mundo entero vive en estos tiempos un fenómeno a la vez singular y universal: los grandes canales de difusión no pueden darse abasto con la efervescencia creadora. Ante esa constatación afloran diversos proyectos para cubrir los nuevos espacios generados por la modernidad. Al tiempo que el desafío global ha producido una forma de marginación para expresiones creadoras inscritas fuera de los cánones, nuestras instituciones tampoco han encontrado respuesta a los desafíos de las expresiones culturales locales. En esas condiciones no sólo se dificulta el establecimiento del denominado canon sino que incluso es cuestionado pues asistimos a la toma de conciencia de que nuestra mayor riqueza es la diversidad. En ese disfuncionamiento surge el concepto glocal que sirve para mostrar un cortocircuito entre lo global y lo local.